sábado, 3 de mayo de 2014

El deporte y los medios de comunicacion


Las sinergias entre el deporte y los medios de comunicación constituyen uno de los fenómenos más impactantes y populares en la sociedad contemporánea. Estudios sociológicos han destacado la complejidad de esta relación en los ámbitos culturales, tecnológicos, industriales y publicitarios.
Según el analista Miguel Moragas, los medios no sólo se dedican a difundir los valores y los usos sociales del deporte, sino que los transforman, integrando a millones de personas que nunca han practicado o no se han dedicado de modo usual a esta actividad: los espectadores y los telespectadores.
El deporte ha adquirido una gran trascendencia cuantitativa y hegemónica a través de los periódicos especializados, las cadenas de televisión deportivas, las programaciones deportivas radiales y televisivas. El uso de nuevas tecnologías que incluye los teléfonos móviles, ha contribuido con la modificación de la transmisión de los grandes acontecimientos deportivos.
También se destaca el gran despliegue editorial sobre temas relacionados con el deporte mediante libros, revistas, videos y páginas de internet, lo cuales han influido en la cobertura y ampliación del interés público. En el caso específico del internet, ha entrado en escena un medio que ha cambiado de modo significativo la forma de acceder a las informaciones generadas por el deporte.
La promoción del deporte espectáculo y el de alto nivel, reconocidos por su carácter agónico y heroico han tenido una gran preeminencia en los medios de comunicación, pero algunos especialistas han abogado para que los mismos también destaquen la dimensión del deporte para todos, dando forma a un concepto de deporte más relacionado con la práctica terapéutica y la salud de la población.
En la República Dominicana, los medios masivos dedican sus principales espacios al deporte espectáculo y profesional, donde los mass media estadounidenses tienen la mayor cota de influencia.
Muy por encima de la práctica deportiva doméstica, se trasmiten las actividades de las grandes ligas, del baloncesto de la NBA, de la NFL (fútbol americano) entre otros eventos profesionales. La influencia de las grandes cadenas de televisión y el sistema de cable, han servido al pueblo dominicano para formarse una base cultural del deporte espectáculo a través de empresas como ESPN, Fox Sports, CBS, NBC, NESN, y las hispanas Univisión y Telemundo.
Dentro de la influencia que genera el deporte estadounidense en los dominicanos, hay que incluir el interés pecuniario de las apuestas al béisbol, baloncesto, hockey sobre hielo y las actividades del deporte universitario (NCAA).
En el marco del deporte local los medios destacan principalmente, las incidencias del tradicional torneo de béisbol invernal, cuyas transmisiones han experimentado una mejoría en materia de tecnología, en comparación con épocas anteriores.
En síntesis, el deporte con su escalada hacia la dimensión global, ha sido uno de los grandes protagonistas en los procesos de implantación de las tecnologías en la comunicación de los tiempos actuales.

Deporte y medio ambiente.

El medio ambiente se ha convertido, en los últimos años, en un tema de gran importancia y un ámbito controvertido de discusión hasta en foros internacionales. Y por supuesto el tema del medio ambiente no excluye al deportista, no sólo al de alto rendimiento en el que el clima imperante o el nivel de polución puede influir, y de hecho, influye en la performance sino también en el aficionado con perjuicios similares aunque no sólo en el rendimiento sino también directamente en la salud.


 Deporte y salud hacen estudios efectuados en atletas que ejercitaron con igual intensidad y duración pero en diferentes lugares dieron argumento a la importancia del medio ambiente en el rendimiento humano. Estas investigaciones compararon deportistas en el llano, en la altura, en ambientes de grandes ciudades así como en localidades exentas de humos y combustiones provenientes de autos, fábricas e industrias. Estos pueblos, en los que abundan los longevos y que tienen la enorme virtud de no contar con movilidad a motor siendo su único medio de transporte la tracción a sangre, han servido al estudio de estos fines cuyos resultados no han hecho otra cosa que reafirmar científicamente lo que marca el sentido común y es que la influencia de un medio ambiente adverso puede afectar el rendimiento psicofísico y la salud del ser humano.


El deporte y el medio ambiente han tenido siempre una gran relación y de cara al futuro esta relación va a tener una gran importancia desde el punto de vista de la prevención de los impactos. Consideramos que los espacios naturales y los espacios urbanos deben de contar con equipamientos deportivos que disfruten las generaciones futuras; práctica deportiva y medio ambiente no tienen por qué ser  opuestas, por el contrario, deben estar siempre relacionadas de forma óptica.

Deporte y Educacion

La sociedad actual demanda, cada vez más, la necesidad de incorporar a la cultura y a la educación aquellos conocimientos y destrezas que, relacionados con el cuerpo y la actividad motriz, contribuyen al desarrollo personal y a la mejora de la calidad de vida. La aparición de un creciente sedentarismo, consecuencia de los cambios, hábitos y formas de vida del hombre del siglo XXI, reclama una actividad corporal añadida que compense las carencias motrices de sus funciones y capacidades corporales. Es a través del cuerpo y el movimiento como la persona se relaciona con el entorno. Como respuesta a esta demanda social, en el área de Educación Física han de tenerse en cuenta las acciones educativas orientadas al cuidado del cuerpo, de la salud, de la mejora corporal y de la utilización adecuada del ocio.

La educación física es parte integral de la Educación. Se propone lograr el desarrollo normal somato-psíquico-funcional del ser humano, mediante la implementación ajustada del movimiento en sus innumerables formas de aplicación.

La realización regular y sistemática de una actividad física ha demostrado ser una práctica sumamente beneficiosa el desarrollo de la salud, así como un medio para forjar el carácter, la disciplina, la toma de decisiones y el cumplimiento de las reglas beneficiando así el desenvolvimiento del practicante en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Es importante conocer que la educación física no se basa solamente en el cuerpo y en su motricidad, también tiene que ver con la mente, y organismo y la forma de conocerlo más y mejor, por eso se dice que es una materia físico-psicológica que nos forma integralmente.

Los valores que se ponen en juego con el deporte, aluden a principios fundamentales en la evolución del sujeto, educación y deporte van de la mano.
Acá no se pretende valorar el deporte profesional o de alta competición. Lo que se intenta es esbozar el valor educativo del deporte base, se parte de la convicción de que en la actividad deportiva los incipientes sujetos, niños y adolescentes, tienen un excelente instrumento lúdico para elaborar su personalidad y conseguir la dosis suficiente de auto confianza.
El deporte supone un ir más allá del juego, ya no se trata de jugar a ser mayores, se trata simbólicamente de la vida misma. Gracias a ello, proporciona un espacio singular donde los niños pueden elaborar la transición a la vida adulta, consiguiendo una mejor apreciación del esfuerzo, la solidaridad y las reglas sociales.

Tras la actividad física hay una necesidad biológica de movimiento muy general, que es parte del desarrollo y del sistema de conservación del organismo. Es por ello que la falta de ejercicio físico puede producir trastornos orgánicos, como los cardiovasculares, o alteraciones de tipo psíquico, como la ansiedad. Mas cuando nos referimos a los niños y los adolescentes, la importancia del movimiento es todavía mayor, ya que, con él, se construye el esquema y la imagen corporal, elementos estructurantes de la personalidad que nos acompañan durante toda la vida. La inadecuada constitución de estos elementos puede dar lugar a diversos trastornos neuróticos, psicosomáticos o psicóticos.
Sin embargo, la necesidad intrínseca del movimiento no es tan intensa como para vencer con facilidad las formas sedentarias de vida que tenemos en la sociedad moderna, sobre todo en las grandes ciudades. Además el desarrollo de la sociedad tecnológica incita la inhibición corporal y el estancamiento en la comodidad. Cada vez más necesidades y aficiones se nos ofrecen seduciéndonos con la comodidad que supone sólo pulsar un dedo, hasta se nos ofrece el deporte virtual.

Por todo lo dicho anteriormente, el deporte base merece ser cuidado con la importancia que se merece. El niño al principio juega, después hace deporte, pero puede dejarlo muy pronto. El abandono del deporte es un hecho preocupante, cuya mayor incidencia se produce en la adolescencia, una época donde, para mayor preocupación, el chaval necesita sujetarse más para convertirse en un sujeto de pleno derecho. El deporte sujeta y canaliza las tensiones agresivas y sexuales que, durante la adolescencia, amenazan la estructuración psíquica y la imagen corporal.

Para fomentar la actividad deportiva es necesario trabajar con la motivación, de tal forma que el niño o el adolescente se sienta atraído por las características propias de la actividad física.
Trabajar la motivación es tarea de los profesores de educación física y de los entrenadores, sin embargo la información y formación en el terreno motivacional es, en la mayoría de las veces, escasa. Cuando esto ocurre, es fácil que el profesor o entrenador se deje llevar por sus propias motivaciones o frustraciones, sin tener mucho en cuenta a sus discípulos. Muchas veces, los entrenadores parecen generales que inculcan la victoria deportiva a cualquier precio e incluso se abusa de la agresión verbal si no se produce. Este tipo de conductas, lejos de motivar a los chavales, produce en ellos un rechazo visceral y un abandono precoz del deporte.
Para comprender la importancia del profesor o entrenador, hay que tener en cuenta que, en el deporte, si bien existe ya un distanciamiento de la directa figura de padre o madre de los primeros maestros, no por ello los entrenadores de la actividad física dejan de ser un subrogado parental, esencialmente paterno, una figura de autoridad que supone la referencia del modelo a seguir. Cada chaval verá esta figura de manera diferente, de acuerdo con su propia historia, esto debe ser valorado por el entrenador para poder aprovecharlo y jugar con ello en su relación con el chico.

Un correcto trabajo demanda la creación de un clima motivacional adecuado, donde se valore a los sujetos uno a uno. El acento debe estar puesto más en la autosuperación que en la competitividad. Si bien es cierto que nos toca vivir en una sociedad muy competitiva, también lo es que el exceso de ésta crea demasiada carga agresiva y puede originar estados de ansiedad incontrolados.
La autosuperación tiene que ver con el desarrollo de normas internas de valoración y, en este sentido, favorece la independencia y modera la tendencia a depender solo del resultado deportivo o de la opinión de otros.
La meta no debe ser solamente que la actividad deportiva promueva el desarrollo físico y la salud, se trata de explotar todo el valor educativo del deporte. En este sentido, la orientación hacia metas de autosuperación promueve la internalización de reglas (algo imprescindible en el mundo social adulto y en estrecha conexión con la ética) y la solidaridad y la cooperación con los otros.

Un trabajo en esta dirección contribuye a dar valor al propio esfuerzo, la perseveración y el desarrollo de las propias habilidades como los elementos que pueden facilitar una satisfacción de tipo personal. Ya no se trata de la suerte o el destino, el acento recae sobre el sujeto y su esfuerzo como motor del propio desarrollo, y al alejarnos de la meta única del éxito deportivo, damos lugar a la posibilidad de la frustración sin connotaciones traumáticas, factor importante ya que, a fin de cuentas, la vida está llena de frustraciones.



Deporte moderno como agente de reproducción ideológica.


    Puede decirse que son innumerables los estudios y análisis sobre las funciones que ha cumplido el deporte desde el punto de vista de la socialización de los individuos y de la manera en que en éste se reproducen las formas de organización y los valores sociales, habiéndose realizado tales estudios y análisis desde diferentes perspectivas disciplinares e ideológicas. El propósito de este apartado es el de realizar un breve acercamiento a este tema con el objeto de exponer a grandes rasgos algunas de tales funciones que ha llevado a cabo el deporte desde sus inicios, funciones que no pueden ser ignoradas o asumidas de manera acrítica cuando se trata de comprender el proceso que ha dado lugar a que el deporte se haya convertido en un fenómeno sociocultural de primera magnitud, especialmente cuando ello se hace con finalidades educativas.
    Como se ha ido exponiendo anteriormente, puede decirse que desde su aparición el deporte moderno ha incorporado, de manera más o menos intencionada, funciones de socialización y de reproducción de la ideología dominante, primero entre las propias élites sociales y posteriormente entre la clase trabajadora. En efecto, según se ha señalado, en sus orígenes el deporte moderno fue concebido como una práctica de clase distintiva y exclusiva, de carácter recreativo y dotada de un marco ético de conducta adecuado al contexto moral y a las necesidades ideológicas y socio-políticas de las clases dominantes. Así, por ejemplo, a partir de la reglamentación -cada vez más minuciosa- conque se fue dotando a cada modalidad deportiva, el énfasis que se hizo en cuestiones morales tales como la importancia de respetar las reglas de juego y las decisiones de los jueces, el deber de aceptar con cierta distancia emocional el éxito o la derrota, lo incorrecto de aprovechar deslealmente situaciones momentáneas de clara desventaja del adversario..., dio lugar a auténticos códigos de conducta que si bien caracterizaron a la práctica de los nuevos deportes, también sirvieron para distinguir lo que debía ser el comportamiento de un auténtico caballero. Seguramente, como expone Elias (1992:39 y ss.), la asunción y propagación de tales códigos de conducta a través de los nuevos deportes debió de ejercer una función ideológica y pacificadora muy importante y útil en el proceso civilizador de una Inglaterra sacudida a lo largo del siglo XVII por grandes tensiones y violentas revueltas sociales.


    Asimismo, como indican algunos autores (Bordieu, 1993:71; Barbero González, 1993:14 y ss.; Dunning, 259...), la forma en que se concibió, desarrolló y difundió el deporte en las Publics Schools constituyó una poderosa forma de introducir determinados valores y actitudes entre los hijos de las elites sociales destinados a ocupar en el futuro importantes puestos dirigentes del país. Para Bordieu (1993:65), incluso dentro de estas escuelas los valores asociados al deporte (instrucción, carácter, fuerza de voluntad...) eran más y mejor considerados que los estrictamente escolásticos (inteligencia, cultura, educación...), y servían para distanciar y desprestigiar a éstos últimos, más propios de otras fracciones de la clase dominante o de otra clase (como los grupos intelectuales de la pequeña burguesía o los hijos de los profesores).
    Por otra parte, también se ha de tener en cuenta el hecho igualmente apuntado de que la organización y desarrollo del deporte moderno se realizó a través de los clubs, asociaciones exclusivas surgidas en el siglo XVIII a partir del derecho de los caballeros a reunirse libremente (Elias, 1992:53). En el marco de estas asociaciones tuvo lugar la regulación de la práctica deportiva en un ámbito supralocal, organizando competiciones, constituyendo comités para la creación y modificación de las reglas, estableciendo organismos de supervisión para el cumplimiento de las mismas, designando árbitros y jueces..., hasta llegar a la integración de los clubes en niveles superiores de organización de ámbito nacional (Elias, 1992:54). Esta forma de desarrollo permitió un control total sobre el modo y la forma en que la actividad deportiva debía llevarse a cabo, incorporando, lógicamente, los valores, actitudes y estilos de vida de las elites sociales que presidían y formaban parte de dichos clubes y que contemplaban o participaban en el desarrollo de las competiciones.
    En este sentido, no parecen existir dudas sobre el hecho de que en su fase inicial el deporte moderno no estaba al alcance de todas las clases sociales, sino que se constituyó como una actividad modelada para satisfacer las necesidades de entretenimiento y mejora físico-psíquica de las clases altas (Cazorla Prieto, 1979:144). Tampoco parece haberlas sobre la idea de que la práctica deportiva y el desarrollo del deporte contribuyeron en dicho periodo a la reproducción del orden social y de la ideología dominante, aún cuando determinadas manifestaciones deportivas llegaran también hasta la pequeña burguesía.
    Es posteriormente, cuando el deporte comienza a extenderse y a profesionalizarse nutriéndose de las capas sociales medias y bajas de la población, a lo largo del desarrollo industrial, cuando las clases más poderosas económica y socialmente no sólo trataron de establecer, como ya se ha señalado, un espacio restringido de práctica deportiva de alto nivel bajo la forma de deporte amateur, con un código de valores, actitudes y conductas específico, sino que también abandonaron las modalidades deportivas abrazadas por los trabajadores refugiándose en otras (golf, polo, tenis, hípica...) cuyos requerimientos para la práctica de las mismas fueran prácticamente insuperables para los miembros de las clases trabajadoras (Bordieu, 1993:79) y permitieran conservar y reproducir los códigos de conducta y estilos de vida propios de su clase.


    Desde otra perspectiva, uno de los aspectos donde se puede apreciar con mayor claridad el modo en el que el deporte ha actuado y actúa como un instrumento de reproducción ideológica es el de la relación entre la mujer y el deporte. Puede afirmarse rotundamente que el deporte moderno surgió, se organizó, se desarrolló y se difundió como una práctica exclusivamente masculina. De hecho, la exaltación de la "virilidad", la "hombría", el "coraje", y el "carácter", como aspectos propios de la práctica deportiva, ha determinado que tales aspectos constituyan las características más valoradas en el deporte desde sus orígenes, y su manifestación una de las cualidades más apreciadas de los deportistas. Por ello mismo, también puede decirse que el deporte ha sido y es, en palabras de Hargreaves (1993:123) "... una fuente importante de discriminación sexual y el deportista es el foco simbólico del poder masculino".
    En términos generales puede decirse que la histórica existencia y persistencia de esta segregación de la mujer en el deporte se ha basado en las creencias y discursos tradicionales sobre el papel social de las mujeres orientado al matrimonio y a la maternidad, así como sobre los valores, actitudes y modos de conducta que son propios del sexo femenino, radicalmente opuestos a los que debían caracterizar a la actividad deportiva. Pero además, desde el terreno específico de la práctica del deporte también se han esgrimido otros argumentos como, por ejemplo, la pretendida inferioridad biológica7, la esencialmente diferente psicología femenina -que refuerza la idea del deporte como dominio "natural" de los hombres-, y los supuestos peligros para la maternidad que pueden derivarse de una actividad física intensa (Hargreaves, 1993:122,129). Desde esta perspectiva, uno de los aspectos que más llaman la atención lo constituye el que, como expone Hargreaves (1993:115 y ss), estos discursos-ideas han sido asumidos e interiorizados por la inmensa mayoría de las propias mujeres de manera acrítica, contribuyendo así ellas mismas al mantenimiento y reproducción de la ideología que subyace en tales discursos y de su hegemonía a lo largo del tiempo.
    Si bien, como consecuencia de la revolución y desarrollo industrial y de la lucha por la liberación de la mujer que tuvo lugar de forma paralela en dicho proceso, pueden encontrarse casos de participación femenina en el deporte a finales del siglo XIX y principios del XX, no es hasta mediados de dicho siglo cuando la participación deportiva de las mujeres comienza a incrementarse de manera significativa, acelerándose en los últimos tiempos. No obstante, esta integración no puede considerarse de manera igualitaria en relación con su equivalente masculino ni cuantitativa ni cualitativamente, por lo que tampoco puede decirse que la segregación femenina en el deporte haya desaparecido, siendo, más bien, una forma de segregación más sutil y más acorde con los tiempos.


    En efecto, la incorporación de la mujer a la práctica deportiva tuvo lugar inicialmente en las modalidades que podían ser más apropiadas a su "especial" naturaleza biológica y psicológica (patinaje, tenis, esquí...) para posteriormente irse ampliando con otras del mismo tipo, llegando a crearse modalidades exclusivamente femeninas (como es el caso de la gimnasia rítmica y de la natación sincronizada). La mayor parte de tales modalidades fueron dando lugar a una forma de práctica deportiva en la que el elemento estético tenía una gran importancia, en la que se reforzaban los aspectos más característicos de lo que se ha llamado "feminidad" (flexibilidad, gracia, equilibrio, coordinación...) y, sobre todo, en la que no existía una confrontación directa con contacto físico entre las participantes. Aunque en la actualidad la participación deportiva femenina se extiende a modalidades muy distintas a las expuestas en el párrafo anterior, todavía el deporte constituye un instrumento que cumple funciones de segregación y de reproducción ideológica en este sentido.

    Respecto a las relaciones entre el deporte y el mundo del trabajo, tal y como se ha venido exponiendo, el desarrollo y difusión del deporte se encuentra muy vinculado al proceso de industrialización que tuvo lugar en Europa y en los Estados Unidos, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, y a todo lo que él implicó (urbanización, transporte, medios de comunicación...). En lo que se refiere al acceso de la clase trabajadora a la práctica deportiva, éste comienza a producirse según van mejorando sus condiciones laborales y su bienestar económico. En este sentido conviene tener en cuenta que, como apunta Cazorla Prieto (1979:144), la expansión industrial tuvo lugar a expensas de los trabajadores -entre los que se contaban las mujeres y los niños- que tuvieron que soportar jornadas de trabajo excesivamente duras y de larga duración, lo que no proporcionaba, precisamente, unas condiciones favorables para que éstos pudieran sentirse atraídos por la práctica de los nuevos deportes.